
Como no podia ser d otra manera, este era un vuelo charter cargadito hasta las trancas d ingleses vestidos, la mayoria, con la camiseta d su equipo d futbol favorito, con destino a Stansted despues d pasar unas magnificas vacaciones en esta maravillosa isla. La jornada en cuestion arranca para estos sufridos pasajeros a altas horas d la madrugada (o bien temprano, segun se mire): cuando comienzan a embarcar sus equipajes y estos comienzan su particular "viaje" por las cintas y andamiajes: ese mundo interior del aeropuerto q todos sabemos q existe pero muy pocos conocemos realmente, atravesando toda clase d escaneres avidos d bucear en su interior.
Tras las maletas, los maleteros y, tras ellos, los pasajeros... Asi va transcurriendo el tiempo d aquel dia cuando ya, una vez embarcado el pasaje en el avion, en cabina se recibe una llamada del coordinador del vuelo:
- "Jefe: tiene q hacer bajar a la Srta. Evans" (por ponerla un nombre).
- "Ni d coña: ya vamos con suficiente retraso"
- "Es la guardia civil la q lo pide, cooooooooño!!!!"
Con esta magica frase el coordi consigue q el comandante pida "ipsofacto", atraves d la megafonia interna, q la tal srta. Evans se presente a la tripulacion. Como no podia ser d otra manera, la mujer aparece rapidamente; corriendo por el pasillo como una gacela, con el rostro un tanto desencajado, haciendo aspavientos con el brazo y cierta expresion d perplejidad: total, a uno no le llaman todos los dias cuando va a realizar un vuelo. Efectivamente, tal y como dijo el coordinador, y dado q el avion esta en parking remoto, se encuentra a pie d escalerilla un vehiculo d la benemerita con dos agentes en su interior esperando a la colaboracion del capi .
La sobrecargo acompaña a la mujer al descender del aparato y colabora con los miembros d la guardia civil como interprete puntual. La señorita Evans se muestra timida y muy desconfiada cuando es informada d q en su maleta se ha observado un objeto sospechoso, confirmado por los perros y la piden q la abra, para lo cual ya ha sido oportunamente marcada y separada del resto d equipajes. Mientras todo esto sucede, el avion se ha convertido en un festival d rostros asomados a las ventanillas... pueden contarse, incluso, varias caras por cristal...
Ante la peticion d los d verde, la mujer mira la maleta, mira a los agentes, mira los rostros asomados a las ventanillas, al resto d la tripulacion a las puertas del avion... y se niega a abrirla. Los agentes atraves d la jefa d cabina la hacen saber q es imperativo, q si no la abre blablablabla... y d nuevo es instada a seguir sus instrucciones sin rechistar. Tras una breve duda, la tal srta Evans accede, finalmente, a abrirla cuando su rostro... comienza a cambiar d color. Hace ya un buen rato q todos esperan salir d la duda: empezando por los miembros d seguridad alli presentes, siguiendo por los pasajeros curiosones, q ya se estan acordando d los ancestros d la srta. Evans, y terminando por la propia tripulacion del vuelo, q ve como el final d sus jornadas se alargara proporcionalmente al tiempo q tarde la "madam" en hacer caso a los agentes del orden. La mujer, por fin, abre la misteriosa maleta y su rostro, ahora si, se torna d un color rojo Ferrari: algo resuena en el fondo d la misma... algo asi como un movil vibrando o un gato bufando. Los agentes miran con desconfianza y la ordenan descubrir aquello. Cual seria su sopresa cuando descubren... un vibrador... un vibrador buscando amor!!!!.
Moraleja: Nada es invisible al ojo del escaner del aeropuerto. Nada se salva; ni siquiera, la intimidad d tu amante mas secreto.