
Me apetece dormir; es mas, creo que mataria por hacerlo... pero no puedo; o mas bien... no debo. Me gustaria convertirme en Bella durmiente y esperar cien años a que un beso me despertase del letargo y todo, absolutamente todo, hubiese pasado... que tan solo quedase un amargo recuerdo; pero no necesito observarme la ropa de hoy, sino tan solo mirar hacia delante ydescubrir todas esas cabezas para recordarme que ni es posible, ni siquiera es el momento: no tardando mucho comenzaremos el descenso, la aproximacion y con ella, los ultimos trabajos de esta larga y dura linea. Asi pues, en este tranquilo rato aprovecho para escribir todas estas notas en la libreta y de paso intento evadirme de mis pensamientos habituales observando las maravillas q nos rodean. Alcanzo a ver el sol, de color naranja, que imagino luchando por mandar a casa a la luna y, con ella, a todos esos hombres-lobo y vampiros que tan a menudo osan trastornar nuestros sueños. Es increible: somos mas altos que el... aun esta creciendo y por una vez somos capaces de poder mirarle con superioridad. Varios miles de metros, hacia abajo, puedo ver unas nubes algodonosas que invitan a saltar sobre ellas como si de un colchon de plumas se tratase.
No son blancas: algunas con un tono rosado y otras mas oscuras, que mezcladas, dan lugar a una especie de color gris... como mi vida actual. Seguro que saltando sobre ellas me olvidaria un poco de "mis" problemas, pero la vida es cruel: tampoco es posible... me sorprendo sonriendo al pensar q seria peligroso hacerlo con todos esos agujeros que quedan entre si, y atraves de los cuales podria colarme y caer. EL tiempo pasa a velocidad de vertigo y junto conmigo, todos nuestros pasajeros de hoy podemos apreciar como inequivocamente volamos directos a ese colchon grisaceo que llegado el momento parece convertirse en oleaje: con el comienza el bamboleo, las sacudidas y me encuentro como montada en una barca a merced de un embravecido mar, cuyo capitan se obstino tercamente en cruzar. En un instante la turbulencia se detiene y podemos apreciar la estructura de una gran ciudad. De repente viene otra... como si de una ola se tratase, volvemos a saltar y de nuevo nos vemos engullidos por ese mar que impide ver mas alla de tus narices; pero a la velocidad que vino... se fue, dejando otra vez a la vista ese mismo perfil urbano. Ya no veo el sol; el suelo se acerca, las nubes van quedando arriba, y por mas que quisiera que mi mente siguiese alli, pronto estare de nuevo con los pies en la tierra... desde alli podre contemplar esas mismas nubes, pero ahora... en vez de recogerme si salto, me empaparan... y lo que es peor, vendran a recordarme que a veces, la travesia de la vida es infinitamente mas dura que cualquier cielo o mar por enfurecido que este. Y alli desembarco, tras una falsa sonrisa, mientras corro con la bolsa y mirando de reojo a esas nubes que me esperan descargando chaparrones... no ya de agua, sino de esos para los cuales no existen paraguas que den cobijo y ayuden a refugiar...
No son blancas: algunas con un tono rosado y otras mas oscuras, que mezcladas, dan lugar a una especie de color gris... como mi vida actual. Seguro que saltando sobre ellas me olvidaria un poco de "mis" problemas, pero la vida es cruel: tampoco es posible... me sorprendo sonriendo al pensar q seria peligroso hacerlo con todos esos agujeros que quedan entre si, y atraves de los cuales podria colarme y caer. EL tiempo pasa a velocidad de vertigo y junto conmigo, todos nuestros pasajeros de hoy podemos apreciar como inequivocamente volamos directos a ese colchon grisaceo que llegado el momento parece convertirse en oleaje: con el comienza el bamboleo, las sacudidas y me encuentro como montada en una barca a merced de un embravecido mar, cuyo capitan se obstino tercamente en cruzar. En un instante la turbulencia se detiene y podemos apreciar la estructura de una gran ciudad. De repente viene otra... como si de una ola se tratase, volvemos a saltar y de nuevo nos vemos engullidos por ese mar que impide ver mas alla de tus narices; pero a la velocidad que vino... se fue, dejando otra vez a la vista ese mismo perfil urbano. Ya no veo el sol; el suelo se acerca, las nubes van quedando arriba, y por mas que quisiera que mi mente siguiese alli, pronto estare de nuevo con los pies en la tierra... desde alli podre contemplar esas mismas nubes, pero ahora... en vez de recogerme si salto, me empaparan... y lo que es peor, vendran a recordarme que a veces, la travesia de la vida es infinitamente mas dura que cualquier cielo o mar por enfurecido que este. Y alli desembarco, tras una falsa sonrisa, mientras corro con la bolsa y mirando de reojo a esas nubes que me esperan descargando chaparrones... no ya de agua, sino de esos para los cuales no existen paraguas que den cobijo y ayuden a refugiar...



