
Corrian años trascendentales en la vida de Saranga, la inquieta exploradora, cuando su vida dio repentinamente un giro de 180º en varios aspectos. Parecia evidente que Tangani, el Dios de la Selva, habia puesto sus ojos en ella: para lo bueno... y para lo malo tambien. De hecho, sin apenas tiempo para percatarse y asimilarlo adecuadamente, vio partir a Lengue, su excepcional maestro... casi a la vez que en su Tribu, la de Los Pairepux, aquella en la que hasta entonces podia asentarse tan solo intermitentemente, por fin era aclamada como una mas del clan, como cualquier otro miembro de pleno derecho. Las dos fuerzas opuestas de todas las cosas presentes de forma, casi, simultanea en su vida: la alegria y la tristeza,lo justo y lo injusto, lo anhelado y lo odiado... a fin de cuentas: el ying y el yang.
Fue años ha... por aquel entonces, cuando la protagonista de esta historia se embarcaba en uno de sus mas inolvidables periplos por una de las maravillas naturales de este mundo: uno de esos paises atravesado por algun mitico y caudaloso rio, incandescentes desiertos, sugestivos amaneceres y fastuosos hoteles... pero tambien atestado de siniestros personajes con uniforme de camuflaje armados con fusiles. Un paradisiaco lugar en el que, pese a contar con todos los servicios, comodidades y montar su residencia por un tiempo, jamas pudo llamar "hogar" (ni siquiera lo hace ahora)... un lugar que pese a sus colores vivos, aromas intensos o las sonrisas cautivadoras de sus gentes... ella siempre lo resumio como aquel "lugar plagado de arena y olor a pescado". Otra vez lo mismo: el eden y el infierno dandose la mano... el ying y el yang, ... separados x una fina linea (tal vez materializado en forma de enrejado y vigilancia privada)
El objetivo de aquel viaje no era el tipico "paquete vacacional" ni cosa que se le pareciese: nada de pasarse las horas en tumbonas saboreando exquisitos zumos de frutas tropicales, ni de comprar figuras de caoba o "trofeos" de caza a precio de ganga, ni mucho menos espectaculares safaris... siquiera el hacer turismo. Saranga estaba alli por primera vez en su vida junto con otr@s para atender, acompañar y fumigar con un perfumado desinfectante la aseptica atmosfera interior de aquel inmenso pajarraco blanco y ruidoso, cada vez que devolvian al mundo civilizado a un numeroso grupo de osados mercenarios en mision de paz... aun pistola al cinto. Pero lo peor no era eso... ni mucho menos; tampoco lo fue el (previo) largo proceso de prevencion medica y vacunaciones varias: fiebre amarilla, colera, tifus, malaria a que fue sometida. El sacrificio era, simplemente, estar alli en aquel novedoso, especial y preciso instante de su vida: tantos años conviviendo y "peleando" con leones... pero no hacia demasiado tiempo que Simba, la pantera, habia entrado sorpresivamente en su vida para darla un singular e inesperado giro en el momento ¿mas? (o ¿menos?) apropiado: toda una fiera de esquisito pelaje, felina mirada y arrebatadora personalidad. Otra separacion mas, temporal, dolorosa e injusta, dejando a Simba a "su suerte abandonada" en esa otra agresiva jungla... pero de asfalto y hormigon en este caso, mientras que Saranga, muy al al contrario: urbanita impenitente, trataba de mantener siempre la mejor de sus sonrisas en aquel vergel aprovechando cada minuto libre para recordar a su "fiera" en la lejania: no importaba si alzada sobre un tronco, tumbada en la arena o dibujando mentalmente la figura de su "felino" favorito con las nubes sobre aquella atmosfera tan clara y ajena a la contaminacion, mirando a la luna, hablando a las estrellas... nada conseguia distraerla de aquel trabajo adicional, absorto y tan bien aplicado como necesario para su estabilidad emocional: apenas siquiera la imagen especular que de aquel singular "animal" pretendia ver formada por los haces de una luz tan perpendicular a la tierra que ofrecian unos magnificos amaneceres cuajados de sonidos y colores: rojos, naranjas, amarillos y negros... valian como balsamo porque segun avanzaba el tiempo, cada vez con mas premura, necesitaba satisfacer, los ya seriamente perjudicados cinco sentidos de la ya fatigada exploradora:
- su oido: reivindicando con urgencia el regreso del suave ronroneo de la fiera ante las caricias de ella, su protectora
- su exquisito olfato... aburrido un poco de tantos perfumes naturales y embriagadores olores desprendidos por plantas hasta entonces totalmente desconocidas para ella y, sin embargo,deseando olfatear aquel singular cuello, que unas veces con... o tantas veces sin... collar podria siempre identificar sin ningun genero de duda
- Su vista... buscando desesperadamente volverse a encontrar con aquella mirada salvaje capaz de hablar sin siquiera abrir la boca, desbordante de luz, alegria, nostalgia y melancolia. Ansiosa de evocar "in situ" el fuego que desprendian los ojos de la "bestia" cuando su exploradora regresaba.
- su tacto... con diferencia el mas perjudicado de todos y capaz de sentir transmitido, hasta la mas minima vibracion de su pantera.
- el gusto... y la necesidad por revivir unos sabores tan singulares como desconocidos... alguno incluso deseado y que tan solo Simba fue capaz de regalarle.
MEMORIAS DE AFRICA: un capitulo en la vida de Saranga, que siempre creyo aislado... pero lo años terminaron por demostrar que no... que la historia siempre se repite, aunque no necesariamente en su plena magnitud.