Aquella tarde las palabras de James resonaron como musica celestial en mis oidos. Ni siquiera el sonido de la tele en la cocina mezclado con el inoportuno estornudo de la peque... ni su endemoniado acento, impidieron que pudiese comprender a que se referia con el orondo "NaiaGaRaFols" que acababa de pronunciar por su boca. Con la ilusion de una niña la noche de Reyes me meti en la cama temprano... hasta que a la mañana siguiente me desperto el olor a cafe de un rico desayuno; para entonces las ardillas ya correteaban por los arboles del jardin: ainsss las pequeñas cosas de la vida! jejeje. Mientras me duchaba, arreglaba y desayunaba, las dos "pequeñas" salian por un dia en compañia de su madre a esperar el tipico school-bus amarillo que las llevaria a clase. Conmigo la vida seria mas generosa pues, a priori, el dia se intuia genial: el viaje bastante mas corto que a las islas pero sobre todo, y siendo solo tres, mucho mas confortable. Nada de esquisiteces ni pantagruelicos desayunos: nada de gofres, chocolate, beicon ni salchichas... tan solo una taza de cafe recien molido, caliente y una tostada entraria en mi estomago aquella mañana; poco para ellos, pero mas que suficiente para mi.En aquella ocasion, a falta de Carlos Baute, la radio amenizo el viaje de poco mas de hora y media con destino a la ciudad de Niagara Falls; un lugar que yo siempre imagine idilico... pero plagado de atracciones turisticas, cines, restaurantes y hoteles de todas las cadenas. Mientras mis anfitriones se iban hacia el mirador (ellos me esperarian alli) yo bajaba con el ticket de la mano al "Maid of the Mist"; el mitico barco que nos adentraria en el mundo de las famosas cataratas. Tras unos 15 minutos de espera, uniformados todos con un impermeable azul y yo temblando (mitad de nervios y mitad por la brisa y el frio) zarpabamos rumbo a la primera catarata. Bajo el atronador ruido provocado por la caida de millones de litros de agua por segundo, el barco comenzaba a adentrarse en la segunda. Apenas ya podia distinguir los emocionados gritos con los que un monton de personas (chinos, americanos, italianos etc etc etc) celebraban el comienzo del fuerte viento y la "lluvia" torrencial, con que la catarata nos daba su peculiar bienvenida. Una vez alli, ya en el centro de todo el pastel, y por espacio de 5 minutos que se me hicieron horas... la locura; como si de una autentica tormenta tropical en mitad del oceano se tratase: oleaje, remolinos, agua como lanzada a cubos desde todas partes... incluso desde abajo, viento huracanado y una especie de niebla provocada por el agua al caer, que hacia practicamente imposible ver nada alrededor; impresionante hasta el rugir, a plena potencia, de los motores del barco intentando alcanzar el punto maximo permitido. Gente gritando, como festejando la azaña lanzando sus brazos y puños al aire, aplaudiendo, intentando sin exito (la mayoria) inmortalizar el momento con sus camaras fotograficas, pretenciosa e inutilmente, protegidas con ingenio de mil maneras diferentes; mientras imaginaba miles de "clic clic clic clic clic clic".... ironicamente yo imploraba a lo divino y lo mundano, como en el simulador del museo de cera, que se acabase ya. Fue entonces, cuando por fin el barco giro para encaminarse de nuevo al puerto de salida... cuando me entraron las ganas a mi de aplaudir y celebrar que, por fin, el "lio" se habia terminado... por mas que aun quedaba algo mas del espectaculo; eso si, ahora en forma de un precioso, docil e inmenso arco iris.
Tras descender de la embarcacion, con ganas de besar el suelo y despues de jurar no volver a caer en tentacion parecida, entendi el por que dicen que aqui notas el agua, lo escuchas, lo hueles... e incluso lo catas!!. Nos fuimos a comer, ya sin el "coat", y mientras dejaba de chorrear agua despues de echarse "my family" unas risas con la torpe narracion de la experiencia recientemente vivida: un exquisito trozo de salmon y una ensalada me devolvieron a la vida Llegamos a casa a media tarde, de nuevo, con la radio puesta y el absurdo soniquete musical que durante varios dias invadio mi cabeza al ritmo de Manolo Escobar: "Toroooontonton....".
De nuevo derrotada, de nuevo emocionada tras una experiencia, autenticamente, "amazing"
Efecto Mariposa -







