Pese a que la primera parte y los primeros dias fueron muy tranquilos, llegue a ser plenamente consciente del banderazo de salida nada mas poner los pies en el sitio que me acogeria intermitentemente durante los siguientes dias: un comodo, pero anarquico y desorganizado hotel de pantagruelicos desayunos en el que redescubri... el windows 98; un lugar al que llegue tras apearme (con buenas ganas) de un destartalado taxi (de gas!!) que no habia sido limpiado desde que fue comprado y tras callejear por una caotica y ruidosa ciudad de calles sin sentido determinado o carreteras que de tres carriles hacian seis sin ningun tipo de contemplaciones.
Supongo que mi cara adquirio el tinte de "Manolete si no sabes torear paque te metes" tras ser brevemente aleccionados en los usos y costumbres de l@s lugareñ@s: las grandes diferencias culturales e idiomaticas; la mentalizacion de que "alli todo tiene un precio"
Definitivamente fui consciente de que todo aquello no era un sueño tras aquel primer sector: un atipico vuelo mitad puente aereo, mitad estafeta viendo desfilar (y nunca mejor dicho) ante mi, cual general en mando, a toda una legion de austriacos y croatas monotonamente vestidos de caqui; todos tan iguales... pero en el fondo completamente diferentes. Montones de cabezas reposando en sus correspondientes cogoteros a la salida: ojos cerrados, rostros serios que reflejaban minimamente la dureza del trabajo realizado y que tan solo comenzaron a transformarse a medida que ibamos llegando a nuestro destino... cogoteros nuevamente al aire, cuerpos ladeados de ojos brillantes y fisgones, ahora si, mirando por la ventanilla: silencio, emocion contenida, sonrisas de saberse llegando a "casa"... uno de ellos, mucho mayor que yo y bien curtido, secandose las lagrimas con la manga del uniforme, imagino que esperando con impaciencia el ansiado reencuentro familiar despues de tanto tiempo: "los hombres fuertes tambien lloran".
Pero si que habia algo que tranquilizaba... y mucho, era ver la naturalidad con la que tanta gente desempeñaba su trabajo alejados de cualquier glamour; entre otros, colegas compatriotas de SwiftAir subiendo a los cielos para "bajar" al infierno en su Eco Charlie, dia a dia: Nigeria, Sudan, Congo etc etc etc completamente entregados, con la ilusion intacta, sin perder nunca la sonrisa, encajando bromas, dando animos y asumiendo con simpatia que si: que a ellos lo que les gusta es volar... escobas. Agotadora, aunque enriquecedora, experiencia.
Glutamato Ye Ye -









