
Es algo mas de medio dia. Bajamos la (NO) comida corriendo por los pasillos del aeropuerto para estar con tiempo para los previos y, por supuesto, al embarque: tendria gracia que fuesemos las ultimas y estuviesen ya todos sentados a nuestra llegada... la idea mola, pero rapidamente reparo en que simplemente es eso: un sueño, pues no hace falta acercarnos mucho al mostrador para observar en nuestra puerta un grupo, ya numeroso, de personas esperando al embarque. Atravesamos deprisa atraves de la multitud que, ya nerviosa, comienza a ponerse en pie al vernos aparecer sin repara, siquiera, en que las dos chicas de embarque apenas hacen otra cosa que abrirnos la puerta... y charlar entre ellas.
Un tipo con pantalones azules, chaleco verde, sudoroso (el calor hoy aprieta bien), apresurado, con emisora en bandolera, un movil en una mano y un monton de papeles en la otra es el primer anuncio de que esa angosta pasarela esta a punto de cobrar vida... no nos equivocamos: asi es como se comienza la tercera y (afortunadamente) ultima rotacion de la jornada. En el tiempo previsto ya esta todo el mundo ubicado y se procede a contar cabezas, de atras hacia delante:
- "183" le dicen a la jefa
- "gracias... entonces estamos..."
- "como es eso de que estamos???" -pienso... si en el PIL (lista de pasajeros) ponia 184-
Las matematicas nunca fueron mi fuerte pero hasta ahi llego... me extraña tanta seguridad en las palabras de la sobrecargo, asi que mirandolo de nuevo con mas detenimiento, 4 letras me sacan del error: BLND... casi a la vez que aparece por la puerta un agente acompañando a una chica invidente, mas o menos de mi edad, delgada, pelo corto y muy trajeada que se "apoya" tambien en una preciosa perra (labrador negro) como guia. Sobre la misma puerta, ella aparenta ser tremendamente habladora... y CORA, con el movimiento de su cola y simpatica mirada, demuestra ser una excelente relaciones publicas.
Se coloca a las dos frente a uno de los mamparos y a la vez que le damos una serie de instrucciones, comprobamos que trae el cinturon del animal, ya tumbado entre los pies de su dueña y que, pese a ser objeto de indiscretas miradas/comentarios, continua haciendo amigos con soltura. Se le ve muy tranquilo... hasta la puesta en marcha. Tal vez el ruido, las vibraciones, el ruido o todo junto empiezan a hacer mella en el, que se levanta, intenta dar vueltas sobre si misma pero se vuelve a tumbar... supongo ademas que llorara pues mira con ternura a su dueña.... como esperando algun gesto. Con su sonrisa permanente y como si estuviese viendolo, tan solo bastan unas pocas caricias, abrazos y bonitas palabras que le dedica la chica para tranquilizarle un poco... y pese a todo, durante el vuelo, se comporta MEJOR que muchas personas. Cuando, al terminar el servicio de bar, le veo sin el bozal y masticando con descaro un caramelo, no puedo por menos que recordar aquella anecdota que me conto mi compi jurando como cierta, en la que el dueño de un "lazarillo" parecido a este, con el animo de tranquilizarle, le dio alguna pastilla dejando totalmente grogui al animal... tanto que a la llegada hubo que llamar solicitando un servicio de esos WCHC... o lo que es lo mismo: para pasajeros completamente inmoviles (paraplejicos y cosas asi). No quiero imaginar la escena en la terminal: el invidente cogido del brazo del agente que, a su vez, empuja una silla de ruedas con un inmenso perro lazarillo deslabazado sobre ella.
Afortunadamente, al menos en este caso, la historia no se repite: en algo mas de dos horas, a la llegada, bajo su equipaje, le coloco el baston en una de sus manos y guiandola por un hombro la acompaño hasta la puerta, donde ya la esperan, junto con Cora, para "abandonarnos" con la misma gracia y simpatia con que nos saludo a su llegada.
Un tipo con pantalones azules, chaleco verde, sudoroso (el calor hoy aprieta bien), apresurado, con emisora en bandolera, un movil en una mano y un monton de papeles en la otra es el primer anuncio de que esa angosta pasarela esta a punto de cobrar vida... no nos equivocamos: asi es como se comienza la tercera y (afortunadamente) ultima rotacion de la jornada. En el tiempo previsto ya esta todo el mundo ubicado y se procede a contar cabezas, de atras hacia delante:
- "183" le dicen a la jefa
- "gracias... entonces estamos..."
- "como es eso de que estamos???" -pienso... si en el PIL (lista de pasajeros) ponia 184-
Las matematicas nunca fueron mi fuerte pero hasta ahi llego... me extraña tanta seguridad en las palabras de la sobrecargo, asi que mirandolo de nuevo con mas detenimiento, 4 letras me sacan del error: BLND... casi a la vez que aparece por la puerta un agente acompañando a una chica invidente, mas o menos de mi edad, delgada, pelo corto y muy trajeada que se "apoya" tambien en una preciosa perra (labrador negro) como guia. Sobre la misma puerta, ella aparenta ser tremendamente habladora... y CORA, con el movimiento de su cola y simpatica mirada, demuestra ser una excelente relaciones publicas.
Se coloca a las dos frente a uno de los mamparos y a la vez que le damos una serie de instrucciones, comprobamos que trae el cinturon del animal, ya tumbado entre los pies de su dueña y que, pese a ser objeto de indiscretas miradas/comentarios, continua haciendo amigos con soltura. Se le ve muy tranquilo... hasta la puesta en marcha. Tal vez el ruido, las vibraciones, el ruido o todo junto empiezan a hacer mella en el, que se levanta, intenta dar vueltas sobre si misma pero se vuelve a tumbar... supongo ademas que llorara pues mira con ternura a su dueña.... como esperando algun gesto. Con su sonrisa permanente y como si estuviese viendolo, tan solo bastan unas pocas caricias, abrazos y bonitas palabras que le dedica la chica para tranquilizarle un poco... y pese a todo, durante el vuelo, se comporta MEJOR que muchas personas. Cuando, al terminar el servicio de bar, le veo sin el bozal y masticando con descaro un caramelo, no puedo por menos que recordar aquella anecdota que me conto mi compi jurando como cierta, en la que el dueño de un "lazarillo" parecido a este, con el animo de tranquilizarle, le dio alguna pastilla dejando totalmente grogui al animal... tanto que a la llegada hubo que llamar solicitando un servicio de esos WCHC... o lo que es lo mismo: para pasajeros completamente inmoviles (paraplejicos y cosas asi). No quiero imaginar la escena en la terminal: el invidente cogido del brazo del agente que, a su vez, empuja una silla de ruedas con un inmenso perro lazarillo deslabazado sobre ella.
Afortunadamente, al menos en este caso, la historia no se repite: en algo mas de dos horas, a la llegada, bajo su equipaje, le coloco el baston en una de sus manos y guiandola por un hombro la acompaño hasta la puerta, donde ya la esperan, junto con Cora, para "abandonarnos" con la misma gracia y simpatia con que nos saludo a su llegada.
Pereza e Ivan Ferreiro -





