
Estos dias d linea son las mejores ocasiones para pensar. Unas veces t distraes comentando con tus compañeros la jornada tal o el incidente cual y, otras, t abstraes en esos pensamientos q el dia a dia no t permite. Estos dias se t hacen, en ocasiones, tan largos q t da tiempo a todo, incluso, a meditar lo q menos apetece.
Es evidente que el refugio d las paredes d tu habitación d hotel se hace desear a medida q va transcurriendo el dia y cuando por fin llega el momento d cerrar la puerta y estirar tu cuerpo sobre ese colchon q t acompañara durante las proximas horas, una sensación indescriptible (mezcla d felicidad y tristeza) recorre todo tu cuerpo. Alli, desparramada, permaneces por tiempo indeterminado: es una costumbre suficientemente trabajada durante años como para q pueda ser facilmente vulnerada.
Transcurrido ese rato “d gloria” y una vez ubicada en el nuevo “hogar”, es el momento d empezar a pensar en tantas y tantas cosas q has hecho en la vida... en otras tantas q t quedan por hacer.... Aprovechas esas horas nocturnas previas al “reparto d enseres por la habitación” para intentar dar forma a los sueños y ubicarlos en tu vida. No se si estos son los mejores, o peores, momentos del dia pero no me cabe la menor duda d q si q son los mas intensos... los q t proporcionan mayor placer y relax... y los q deseas cuando estas inmersa en pleno bullicio d la jornada.
A veces, incluso, aprovechas la soledad d tu habitacion para hacer lo q en casa no sueles hacer; al menos, ultimamente... hasta q en el momento mas magico, alguien t suele interrumpir y reclama tu presencia en la cafeteria o en el salon d estar del hotel o, simplemente, t quieren contar algo o q tu les cuentes. En definitiva, la magia desaparece aunq continuas estando sola; pero esta vez en compañía... y, a veces, acalorada. Suplicas una ducha pero sabes q durante “x” tiempo no va a ser posible... son situaciones realmente incomodas. Sospecho q la inmensa mayoria d compañeros vivira estos mismos momentos d forma muy similar; pese a todo cualquiera d nosotros, en alguna ocasion, ha sido una d esas visitantes inoportunas: lo sabes pero supongo q, a veces, esa soledad en compañía charlando d cualquier cosa intrascendente es mas llevadera q tu propia soledad o, tal vez, es q el propio cansancio acumulado durante jornadas t resta fuerzas para llevar a cabo, incluso, las tareas mas libidinosas.
Cuando ya estas agotada del todo, cuando ya has hecho el “reparto” para q todo este en su sitio al levantarte a esas horas intempestivas, cuando tu cabeza ya no da mas d si, cuando ya no encuentras soluciones para nada, es cuando llega el momento d dar por cerrada la jornada. A veces este, incluso, me pilla por sorpresa reclinada sobre la almohada: no seria la primera (ni ultima) vez q el sueño se convierte en algo semejante a un partido d futbol con dos tiempos en el q al descanso, apagan los focos del campo y comienza la cuenta atras para esa nueva jornada q no sabes q cosas t deparara pero q, a buen seguro, hara q vuelvas a dar con tu cuerpo en la siguiente cama con la misma "ilusion" q la d hoy.






